Progresando con
Solidaridad

Vicepresidencia acompaña a mujeres para que estén libres de violencia durante cuarentena

mayo 19, 2020

Desde el 2016 y hasta la fecha, nueve mil 980 mujeres participan en los grupos de apoyo de la Red de Fraternidad del programa Progresando con Solidaridad (Prosoli)

SANTO DOMINGO, 19 de mayo de 2020.- Durante el estado de emergencia que vive el país para detener la expansión del coronavirus, la Vicepresidencia de la República, a través de la Red de Fraternidad del programa Progresando con Solidaridad (Prosoli), acompaña telefónicamente a cientos de mujeres que han sufrido violencia doméstica, ayudando así a prevenir nuevos episodios, al tiempo de mejorar el bienestar físico y emocional de las participantes.

“Con el uso de la Guía para Acompañar Grupos de Apoyo a Mujeres les manifestamos que no están solas, que pueden contar con nosotras, que contamos con ellas; escuchándolas sin juzgarlas, sin aconsejarlas y sin interpretarlas, dándoles herramientas para que puedan expresar sus emociones. Usando el libro de bolsillo facilitado por Catholic Relief Services (CRS) les brindamos estrategias para el manejo del estrés”, explicó la encargada de la Red de Fraternidad, Flavia Mercedes Rosario.

Esa red es un esfuerzo conjunto de la Vicepresidencia, el Ministerio de la Mujer y CRS, y se suma a las acciones que impulsa desde Prosoli la doctora Margarita Cedeño, vicepresidenta de la República, con miras a reducir los elevados niveles de violencia hacia la mujer, y en toda la sociedad, en sentido general.

La estrategia propone 20 ejes temáticos con sus respectivas dinámicas, además de mejorar el bienestar físico y emocional de las participantes, los niveles de autoestima, resiliencia y el grado de empoderamiento de las féminas, para que estén en capacidad de manejar las distintas formas de manifestación de este flagelo.

Rosario manifestó que cuando las mujeres participan en las reuniones se analizan los diversos tipos de violencia, especialmente la sutil, que es el irrespeto a la voluntad del otro y la desvalorización a su ser y hacer. “Y es que la violencia a veces se vive en silencio, la mujer se avergüenza de contarla y tampoco habla de sus sentimientos. Este dolor callado provoca enfermedades psicosomáticas y la sensación de no tener salida. Hablar sin ser juzgada, provoca liberación y le permite encontrar soluciones a su situación”, sostuvo.

Indicó que detrás de la violencia existen muchas creencias familiares y sociales que la justifican, y que además, la culpabilizan cuando consideran que son las mujeres las que la provocan o que son merecedoras de castigo. “Es necesario que la mujer se valore a sí misma, se ame a sí misma para no permitir violencia, para cuidarse, y no exponerse a relaciones que le hacen daño”, añadió.

La metodología pone énfasis en la valoración de su cuerpo y de su ser, como una de las medidas para prevenir y erradicar la violencia. Allí comparten sus vivencias, reciben la mano amiga de sus compañeras, siempre se les recuerda que nada justifica la violencia de género. De igual manera, promueve decidir sobre su cuerpo, proyecto de vida, independencia económica, sus derechos, valorizarse y ganar autonomía, entre otras herramientas.

“Para limitar la violencia visibilizamos que la violencia no es un problema individual sino social, y requiere conocer derechos, rutas de apoyo, instancias sociales de apoyo a las que puede acudir”, agregó Rosario.

Desde marzo de 2016 se ha capacitado en la metodología para acompañar a mujeres afectadas por la violencia a 498 facilitadoras. Para mantener los logros alcanzados en los grupos de apoyo de la Red de Fraternidad, la doctora Margarita Cedeño decidió que sus integrantes siguieran recibiendo el respaldo necesario por la vía telefónica, puesto que las reuniones presenciales en las que convergen muchas personas están desaconsejadas en tiempos de coronavirus. Hasta el momento el proyecto da seguimiento telefónico a integrantes de los 314 grupos de apoyo de Prosoli.

Rosario detalló que las llamadas telefónicas han provocado un importante impacto en las mujeres, ya que les reconforta el ser escuchadas y les permite expresar sus emociones en torno a la violencia que han vivido, cuestionan creencias que justifican este hecho, les ha servido para fortalecer su autoestima y les hace sentir capaces de poner límites.

“El confinamiento muchas veces obliga a las mujeres maltratadas estar encerradas con sus maltratadores. Teniendo en cuenta que en estos casos, el hogar es el lugar más peligroso para las mujeres, el encierro hace que se incremente el riesgo de violencia contra ellas en la medida en que aumenta el tiempo de convivencia; se generan conflictos alrededor de cuestiones domésticas y familiares; la violencia se prolonga sin que sea interrumpida y se genera una percepción de seguridad e impunidad del agresor”, concluyó.

Durante el estado de emergencia dispuesto por el Gobierno para mitigar la propagación del COVID-19, el equipo de la Red de Fraternidad también ha impartido a las facilitadoras talleres virtuales con temas como “Tejiendo juntas en tiempos de crisis” y “Duelo y autocuidado”. Además ha coordinado reuniones con socios con los que mantiene convenios, como el Ministerio de la Mujer y CRS, para dar a conocer acciones tomadas con las mujeres de los grupos de apoyo.

Una red de apoyo

“Yo lo soportaba, porque pensaba que la culpable era yo, y me di cuenta: Pero yo no le hago nada a este hombre, y este hombre hace esto y esto y esto y esto, y yo se la dejo pasar ¿Qué pasa? Yo era muy dependiente, yo era antes del tipo de persona que para que tú me quisieras, yo aceptar todo lo que tú me dijeras o hicieras para yo tener esa aceptación, y eso es falso, mentira”, comenta Yesenia (nombre ficticio) al valorar el impacto que ha tenido en su vida la Red de Fraternidad.

La evaluación “Mujer no estás sola. ¡Cuenta conmigo!… ¡Y conmigo! ¡Y conmigo!, “Efectividad de la Metodología grupos de apoyo de mujeres Catholic Relief Services (CRS)” realizada en 2019 concluyó que los grupos de apoyo constituyen una estrategia invaluable dentro del abordaje y superación de la violencia contra las mujeres, en la medida en que contribuye a reducir la ocurrencia de manifestaciones de violencia física, sexual y emocional, a mejorar el bienestar físico y emocional de las participantes, y a incrementar sus niveles de autoestima y resiliencia.

Asimismo, se observa un impacto en las dinámicas de género de los hogares, que se expresa en mayores niveles de empoderamiento de las mujeres, pérdida del miedo, utilización de estrategias asertivas para afrontar la violencia, y cambios positivos en la calidad de la relación de pareja.

“Ellas me apoyaron, cuando me veían llorando me preguntaban: “¿Qué te pasa, qué tienes?”. Me deprimía mucho. El primer día que yo vine aquí vine muy deprimida, porque yo tenía un nudo que no podía ni siquiera hablar ni expresarlo, entonces ellas me ayudaron mucho: “¿Qué te pasa? dime, desahógate, que nosotras estamos aquí para apoyarte”. Y cuando me veían llorando, todas me abrazaban, y ese fue un apoyo muy grande para mí”, es el testimonio de Carla, otra de las participantes.

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